El psiquiatra que luchó contra los cuerdos para despenalizar las drogas

May 24, 2018 | Salud

Nidia Olvera

Nidia Olvera

Mtra. en Antropología Social

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Magali Ocaña Salazar

Magali Ocaña Salazar

Editora y realizadora audiovisual

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Recordamos el legado del Dr. Leopoldo Salazar Viniegra, médico mexicano que investigó el consumo de sustancias psicoactivas desde el punto de vista humano y científico; sin prejuicios y que propuso soluciones que hoy siguen vigentes y que pueden ayudarnos a entender y combatir la actual “guerra contra las drogas”.

“El uso de palabras sofisticadas que hace el Dr. Salazar, sin considerar sus implicaciones, me impresionó como la efusión de un ‘negro educado’; y es realmente difícil enojarse con él”.(1)

James Stewart, cónsul de Estados Unidos en México

Retrato Dr. Leopoldo Salazar Viniegra, Archivo Familiar Salazar 

Las discusiones actuales en torno a la reforma de política de las drogas en México han motivado a reconsiderar algunos eventos del pasado y a desempolvar archivos y memorias familiares de personalidades como el psiquiatra Leopoldo Salazar Viniegra. Hoy se le reconoce como un pionero en la legalización de las drogas en nuestro país por sus observaciones basadas en estudios científicos sobre los efectos de la marihuana y otras sustancias. Sin embargo, esto también ha acarreado una serie interpretaciones erróneas sobre su trabajo, sus cargos y su persona.

Doctor, docente, periodista, humanista, hombre de espíritu libre, ocurrente y algo excéntrico, Salazar fue un visionario de la psiquiatría en su momento. Su lucha por derrumbar los prejuicios en torno a sustancias como el opio y la marihuana, de descriminalizar a los enfermos, y su claridad respecto a que la ignorancia es la precursora de la prohibición le trajo un sinnúmero de distinciones pero, de igual forma, una vida profesional asediada por la vigilancia y el perjurio. En este texto, y mediante un breve recuento biográfico, buscamos reflexionar por qué es importante repensar su figura en nuestro contexto sociopolítico.

Un psiquiatra fuera de la norma

Leopoldo Salazar Viniegra nació en Pánuco de Coronado, Durango el invierno de 1897. Fue hijo de Leopoldo Salazar Salinas y Aurora Viniegra de Salazar. Comenzó sus estudios universitarios en la que hoy es la UNAM y los concluyó en la Facultad de Medicina de San Carlos en Madrid (hoy Universidad Complutense), y durante el período de entreguerras partió a Francia, donde se especializó en psiquiatría en la Facultad de Medicina de París.

Al terminar sus estudios dedicó su vida al trabajo de forma apasionada y fructífera. A su regreso a México, en 1925, se integró como médico al enigmático manicomio de La Castañeda, en donde trabajó por más de veinte años; y la cual dirigió entre 1945 y 1948. Trabajó particularmente en los pabellones de Neurosífilis, Tranquilos, Alienados y destacó por sus aportaciones en el Hospital Federal de Toxicómanos. (2)

En el nosocomio que estaba ubicado en Mixcoac, en la Ciudad de México, Leopoldo destacó por su trato humanista, lo cual generó que se le tachara muchas veces de extravagante o, incluso, demente. Su trabajo ahí fue de “horas largas, guardias incontables, y estudios asiduos en afán de comprender y de ayudar. Los enajenados [o enfermos mentales] no eran para él entes raros, objetos de observación académica fría. Eran sus amigos, sus hermanos débiles; conversaba y comía con ellos, los llevaba a su casa. Los conocía y comprendía”. (3)

A sus arduas jornadas en la práctica clínica, se aunaba su trabajo como profesor, ya que —desde 1927— se desempeñó como docente en la Facultad de Medicina, donde impartió cursos sobre clínica médica y neuropsiquiatría.(4) Sus colegas lo calificaron como un “expositor claro y brillante”. En sus cátedras “huía de las rutinas e introdujo numerosos ensayos e innovaciones”. No creía en las calificaciones y dejaba que sus alumnos se las pusieran solos. “Fue maestro de inteligentes, los necios se alejaban de él porque creían que era un hombre poco serio, pero sus salidas ingeniosas no eran sino un pequeño fragmento de las doradas cumbres de su genio”. (5)

Trabajó como médico particular, desarrolló la primera clínica de epilepsia en el país y en la Clínica Londres quedó encargado del área de psiquiatría. (6) Fue nombrado “por sus conocimientos sobre toxicomanías y alcoholismo” uno de los representantes de México en la Convención del Opio que se celebró en Ginebra en 1939. En este evento la delegación mexicana se mostró en desacuerdo a la posición que Estados Unidos lideraba, como la criminalización a los toxicómanos y el estigma sobre los efectos de la marihuana basados en juicios morales y no científicos. Desgraciadamente, antes de que el doctor Salazar participara, esta convención fue interrumpida por el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Ocupó otros cargos importantes como jefe de la Oficina de Toxicomanías y Alcoholismo, perteneció a la Sociedad de Neurología y Psiquiatría, al Consejo de Psiquiatría e Higiene Mental y a la Academia Nacional de Medicina.

También escribía. Desde sus años de estudiante participó en revistas con sus colegas, donde “demostró cualidades como periodista. Su textos eran originales, ingeniosos, pulidos en la expresión y sutiles en la ironía y las vivas imágenes”. (7)

Publicó decenas de artículos de opinión en diarios como El Universal, El Nacional y Excélsior sobre temáticas diversas que iban desde la importancia de la música en los manicomios, la diferencia entre el opio y el alcohol; la neurosífilis, la esquizofrenia y otras enfermedades mentales; hasta la política nacional e internacional.

Más de una vez sus sus publicaciones se convirtieron en debates públicos con líderes de opinión, colegas, y personalidades como Salvador Novo o Diego Rivera.  En marzo de 1938, uso su columna para escribir una carta pública a Lola la Chata, unas de las traficantes más famosas, que operaba en La Merced. “La considero en efecto, como un producto nato de nuestro medio y de nuestra época. Para usted el toxicómano es un buen cliente y nada más. Para mí es un desventurado que la civilización lleva a rastras. El hecho de que usted como traficante ha tenido más éxito acerca de ellos, que nosotros los encargados de incorporarles a la vida social y activa”. (8)

Además escribió en importantes revistas académicas como la Gaceta Médica de México, la revista Manicomios, la revista de la Sociedad de Neurología y Psiquiatría de México y Criminalia, publicación de la Academia en Ciencias Penales.

Una de sus grandes aportaciones fue el hecho de poner en jaque los métodos de enseñanza. Como resultado de múltiples investigaciones, en 1951 fundó, con la ayuda de un equipo multidisciplinario, el Centro Psicopedagógico de Orientación “La casa sin rejas”. Se trataba de un centro educativo que fue creado para atender a niños y jóvenes “problema” bajo el lema de “inteligencia y amor”. Con esta escuela, buscó mitigar los “excesos de la disciplina escolar” y exaltar la libertad, respetando siempre la personalidad de cada uno de los estudiantes. Esta casa se mantuvo en funciones durante seis años, hasta la muerte del médico.

El mito de la marihuana

Las principales aportaciones de Salazar Viniegra se dieron en el campo de la ciencia médica, especialmente en la psiquiatría, con sus trabajos sobre los enfermos mentales, el alcohol y diversas plantas y sustancias psicoactivas. Su amigo y colega el doctor Arturo Rosenblueth lo calificó de: “psiquiatra brillante”, que en esta disciplina “derramó la poesía que le embargaba”. Y como una de “las fuerzas cinéticas  [que contribuyeron] a la transición de la medicina mexicana. (9) Es decir, Salazar Viniegra perteneció a una generación de médicos que además de realizar importantes estudios científicos, llevaron a la práctica sus investigaciones mediante la creación de instituciones y la implementación de políticas sanitarias.

Destacaron sus trabajos sobre la cannabis, planta que trató de desestigmatizar. En su texto El mito de la marihuana señaló sus posibles aplicaciones para tratar enfermedades “de carácter nervioso, asma y algunas formas de reumatismo”. Para cuestionar los prejuicios sobre la marihuana Salazar Viniegra se basó en detallados registros y múltiples experimentaciones, con los cuales concluyó que ni la criminalidad, ni la locura, alucinaciones o delirios estaban directamente relacionados con el consumo de esta planta y que además de su “olor molesto” la cannabis a nadie perjudicaba. (10)

Leopoldo Salazar estudió otras sustancias como el alcohol, los barbitúricos, las anfetaminas, el opio y las propiedades analgésicas de los derivados de la amapola. Diferenció claramente entre el consumo de marihuana y la dependencia que causaban los opiáceos, cuando mencionó que: “en el Hospital de Toxicómanos de vez en cuando asilamos marihuanos, señalando que los últimos no requieren tratamiento alguno, mientras la cantidad de opiómanos es abrumadora”. (11)

Motivado “por el clamor, la censura y la información alarmista que con la marihuana ya se difundía”, Salazar se interesó en el estudio de otras sustancias como la bencedrina, una anfetamina que se comercializaba libremente en México a principios de la década de 1940 y la cual se distribuía en inhaladores por la farmacéutica norteamericana Smith, Kline & French. Señaló que la bencedrina era de interés científico y con notables efectos sobre los centros nerviosos, por lo que consideró que podría tener aplicaciones terapéuticas, por ejemplo, para tratar la narcolepsia, crisis convulsivas, aumentar el desempeño mental o eliminar la fatiga en alcohólicos y morfinómanos. Sin embargo, advirtió que había que ser cauto al dosificarse por el método de inhalación, que se usaba cada vez más habitualmente. (12)

El doctor Salazar consideró que las drogas debían ser entendidas como “producto de interés científico y de acuerdo con ello manejarla[as]; ya [fuera] para su aprovechamiento o siquiera para esclarecer lo que el mito y la leyenda han urdido en torno suyo”. Asimismo, argumentó que frente al consumo de algunas sustancias se había: “levantado una corriente de censura y oposición alarmista y clamorosa de los que, con espíritu mesiánico, tratan de redimir a quienes ni lo piden ni lo necesitan, tratando de reglamentar lo que no les compete, fundamentalmente por eso: porque no lo entienden”. (13)

Una solución al problema de las toxicomanías

Durante las décadas de 1930 y 1940, igual que en tiempos recientes, se desarrollaba un intenso debate en relación a cómo atender el consumo y distribución de las drogas. Y los estudios científicos de Salazar Viniegra lograron incidir en las políticas públicas relacionadas del periodo cardenista. Su importancia dentro de estas discusiones fue fundamental, al grado que para 1938 en una nota de prensa se le denominó como: “el hombre que tiene en sus manos la solución al problema de las toxicomanías”. (14)

El psiquiatra abogaba por ver las sustancias psicoactivas desde una perspectiva de salud, en donde una parte de los consumidores problemáticos fueran tratados como enfermos y no como criminales. Fue a partir de esta idea que buscó que las políticas se sustentaran en los conocimientos científicos de la época y no en prejuicios, concepciones morales y menos aún en intereses económicos, electorales o políticos; como ahora sucede.

Es importante aclarar que Leopoldo Salazar nunca ocupó el cargo de jefe del Departamento de Salubridad Pública, como han mencionado diversos periodistas e investigadores en tiempos recientes. Este dato es importante, no sólo porque un cargo de tal magnitud le habría dado una mayor libertad para tomar ciertas decisiones y adoptar otras posturas que las que en su momento tomó dicha institución federal, sino también porque se le ha atribuido como el implementador de las políticas regulación de las drogas durante 1940, cuando su papel fue en este suceso fue meramente intelectual. Es decir, sus investigaciones sirvieron como base al Reglamento Federal de Toxicomanías, que se promulgó durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, que más que legalizar las sustancias intentó que se garantizará la atención médica a los llamados toxicómanos y que las autoridades sanitarias y los médicos autorizados se encargaran de la prescripción y distribución de drogas, (15) para así restar poder a los traficantes. Lamentablemente nunca se conocería el éxito o impacto que esta reglamentación pudo haber tenido, ya que a los pocos meses de ser implementado el Reglamento, fue suspendido por presiones del gobierno norteamericano.

Las investigaciones científicas de Salazar, sus críticas a las políticas nacionales y de los sistemas represivos antidrogas impulsados por la Liga de Naciones, hoy la ONU, y Estados Unidos le valieron múltiples problemas y enemistades con instituciones poderosas. Su inquietud científica provocó que fuera investigado y se le abriera una carpeta el Buró Federal de Narcóticos Norteamericano. Obviamente su ímpetu innovador no fue del agrado del zar antidrogas Harry Anslinger, pero algo del genio del doctor intrigaba al agente porque mantuvieron una constante comunicación. A pesar de esto, Anslinger buscó desprestigiar los estudios de Salazar Viniegra, argumentando que sus experimentos violaban las legislaciones internacionales. (16)

Tanto sus investigaciones como su puesta en práctica estuvieron permeadas por sus convicciones y postura política. Según las descripciones de sus colegas fue un hombre rebelde, “apartidario del poder y la tiranía”  y “guardaba la esperanza de que la tiranía constituida sacudiera desde sus raíces esta estructura”. Buscaba la libertad fuera de las reglas y las modas establecidas. “Quiso la libertad absoluta, pero las resistencias del ambiente reprimieron su deseo. ¡Qué trabajo le habrá costado vivir en un mundo donde casi todo está prohibido y fuera de la ley!”

Leopoldo Salazar Viniegra falleció en 1957 en la Ciudad de México. Tuvo hijos y muchos amigos, gran parte de ellos, con alguna tuerca de más o menos. También tuvo enemigos, los más cuerdos, si tomamos en cuenta que la cordura busca la sanación mediante el encierro, el castigo y la prohibición. El doctor “fue un hombre con savia y substancia que vivió hondamente porque amó la vida y no temió la muerte. […] Fue un espíritu afinado, un idealista rayando en lo visionario. Fue un místico que buscó ansiosamente un dios humano”. (17)


Archivo Dr. Salazar

¿Quién tiene en sus manos hoy el problema de las toxicomanías?

El mapa que hoy se nos presenta es igual de complejo y mucho más violento que los años en que Salazar Viniegra ya había advertido sobre los “enervantes” efectos de la prohibición de drogas. Está claro que las políticas de criminalización hacia los consumidores y traficantes de sustancias psicoactivas no ha funcionado; y desgraciadamente el discurso sobre las drogas basado en prejuicio sigue vigente.

Por lo anterior, consideramos importante retomar las ideas del doctor Salazar sobre cómo atender el consumo y comercio de las sustancias psicoactivas. Aunque no todos sus postulados tengan vigencia y hoy en día el contexto sea otro, la discusión podría partir de este episodio olvidado en nuestra historia. Podemos retomar caminos como los del doctor Salazar, renovándolo y adaptándolo u olvidarlo para ser personas “cuerdas” y respetuosas a un sistema de leyes que sólo ha beneficiado a unos pocos.

Hace casi 80 años, Leopoldo Salazar Viniegra escribió que el tráfico de drogas se trata de “un fenómeno de orden económico ligado estrechamente al régimen capitalista dominante en el mundo y muy especialmente a los países imperialistas”. ¿Esto te suena familiar? A este respecto, propuso una alternativa en la que “conviene entonces ensayar un procedimiento que se funde en la experiencia obtenida y en el concepto adecuado de la toxicomanía como fenómeno humano…[y] abandonar los procedimientos de persecución del traficante, substituyéndole por los de la competencia que hagan incosteable su negocio de tráfico ilícito. Es claro que el Estado se encuentra en condiciones de conseguirlo”.

El proyecto Archivo Dr. Salazar busca compartir la documentación resguardada por más de 60 años en su familia. Consta de sus textos periodísticos (de finales de los años 30 hasta su muerte), fotos familiares, documentos oficiales, y el archivo generado en la Casa Sin Rejas. Paralelamente en una pieza de cine documental, se sumarán los testimonios de la familia y algunos académicos que lo han estudiado.

Este proyecto se encuentra en desarrollo. Para participar o solicitar información, visita el sitio: www.archivodrsalazar.com

 

Referencias bibliográficas

1 Oficio confidencial del cónsul estadounidense James Stewart a Harry Anslinger sobre Salazar Viniegra. National Archives and Record Administration (EUA), Record Group 170, Drug Enforcement Administration, Bureau of Narcotics and Dangerous Drugs, 1916-1979, México, 0660.

2 Datos obtenidos del Archivo Familiar Salazar Quevedo y de su expediente como médico del Manicomio General, resguardado en el Archivo Histórico de la Secretaría de Salud.

3 “Necrología de LSV”, por el doctor Artuto Rosenblueth, en Gaceta de la Universidad, Universidad Nacional Autónoma de México, México, vol. IV, no. 43, 28/10/1957, p. 11.

4 “Datos biográficos del doctor Leopoldo Salazar Viniegra”, Gaceta Médica de México, 67 (1937), p. 474.

5 Raúl Fournier, “Salazar Viniegra, la muerte y la libertad. Homenaje en memoria del Doctor Leopoldo Salazar Viniegra”, en Gaceta de la Universidad, Universidad Nacional Autónoma de México, México, vol. IV, no. 43, 28/10/1957.

6 Mariana Flores, La alternativa mexicana al marco internacional de prohibición de drogas durante el Cardenismo, tesis , Colegio de México, 2013, p. 73.

7 “Necrología de LSV”, por el Doctor Arturo Rosenblueth, p. 4.

8 Leopoldo Salazar Viniegra ¨Carta Abierta a Lola la Chata¨ 11/03/1938.

9 Ibídem.

10 Leopoldo Salazar Viniegra, “El mito de la marihuana”, en Criminalia. Revista de sociología criminal, México, diciembre, 1938.

11 Leopoldo Salazar Viniegra, “Opio y delincuencia”, en Excélsior, 17/11/1944.

12 Ibídem.

13 Ibídem.

14 Carmen Báez, “La entrevista de hoy: Dr. Salazar Viniegra”, en El Nacional, 07/06/1938.

15 Departamento de Salubridad Pública, Reglamento Federal de Toxicómanos, Diario Oficial de la Federación, 17/02/1940, pp. 5-6.

16 National Archives and Record Administration (EUA), Record Group 170, Drug Enforcement Administration, Bureau of Narcotics and Dangerous Drugs, 1916-1979, México, 0660.

17 Raúl Fournier, “Salazar Viniegra”, p. 3.

Foto de la portada: Collage de Marina Corach

Nidia Olvera

Nidia Olvera

Mtra. en Antropología Social

Es licenciada en Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y Maestra en Antropología Social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha centrado sus investigaciones en el estudio histórico y antropológico de los usos, concepciones y prohibiciones de las sustancias psicoactivas. Ha impartido cursos de licenciatura en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y en la ENAH. Actualmente cursa el Doctorado en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto Mora, en donde realiza un estudio en relación al control de drogas en la Ciudad de México en el periodo que va de 1940 a 1971.
Magali Ocaña Salazar

Magali Ocaña Salazar

Editora y realizadora audiovisual

Magali Ocaña Salazar, editora y realizadora audiovisual. Interesada en el archivo y formato documental, actualmente se encuentra desarrollando el proyecto  “Archivo Dr. Salazar”