Extractos de historia de la investigación científica sobre la cannabis en México (1886-1931)

Nov 14, 2017 | Salud

Nidia Olvera

Nidia Olvera

Mtra. en Antropología Social

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Antes de que la ciencia fuera enervada por las políticas prohibicionistas se desarrollaron importantes investigaciones empíricas en relación a la marihuana y otras drogas a nivel nacional. En este texto se abordan los principales estudios que desarrollaron los científicos mexicanos sobre la planta de cannabis entre 1886 a 1931; periodo en el que comenzó a gestarse la prohibición de las drogas.

Los conocimientos sobre este vegetal psicoactivo adquirieron matices particulares, determinados por las condiciones sociales, económicas y políticas del país; diversos estudiosos de la medicina, la química, la botánica y otros científicos nacionales desarrollaron sus propias observaciones y experimentaciones, con la planta que en México sería nombrada como: marihuana.

¿Cáñamo o marihuana? ciencia cannábica durante el porfiriato

La palabra “marihuana” comenzó a utilizarse en México al menos desde mediados del siglo antepasado. No hay certeza de la etimología de esta expresión, lo que sí es seguro es que se trata de una aportación de la cultura popular mexicana a la terminología global de las drogas. A partir de la difusión del término entre diversos grupos autóctonos, los científicos decimonónicos pensaron que se trataba de un vegetal nativo y los primeros estudios nacionales sobre las especies de Cannabis fueron para determinar si el cáñamo y la marihuana eran o no la misma planta.

Una de las investigaciones científicas pioneras en relación al cannabis fue la tesis que realizó en 1886 el estudiante de medicina Genaro Pérez: La marihuana. Breve estudio sobre esta planta; en la cual se concluyó que este vegetal tenía diversas aplicaciones terapéuticas, aunque podía causar “alucinaciones y […] la sensación de elevarse por los aires” y que por su amplia difusión en el territorio nacional se trataba de, “una planta indígena de México.” Pérez también señaló que aunque desconocía de qué idioma provenía la palabra marihuana, estaba formada por los vocablos Mari, derivado del nombre María, y Huana que significaba Rosa.

En su estudio Pérez expuso varias aplicaciones medicinales de la marihuana, mencionó por ejemplo, que en algunas poblaciones del país la semilla era utilizada para tratar la gonorrea, las hemorroides y la irritación de las vías urinarias; también aludió a la acción terapéutica de la hierba para tratar trastornos de estómago, cefalgia y asma; y el extracto de “cannabina” para la neurosis y la enajenación mental.

Posteriormente, en 1896 el gobierno de Porfirio Díaz financió la investigación y publicación de la Nueva farmacopea mexicana, en la que participaron prestigiosos biólogos y médicos en la época. En esta obra se reconoció como dos especies diferentes al cáñamo y a la marihuana. La primera fue identificada botánicamente como Cannabis sativa y se señaló que la emulsión obtenida de sus semillas era comúnmente usada como emoliente en las inflamaciones de las mucosas. Por su parte, de la marihuana sólo se mencionó su nombre popular y que tenía propiedades sedantes e hipnóticas.

Asimismo, el farmacéutico Juan Manuel Noriega en su Curso de historia de las drogas, publicado en 1902, señaló que la marihuana crecía en los montes de Tlalpan y otras localidades del país. Mencionó diversas preparaciones como las tinturas, jarabes, licores, extractos grasosos, alcohólicos y etéreos; que se usaban como espasmódicos, como estimulante del sistema nerviosos y para tratar otros múltiples padecimientos, aunque también para provocar embriaguez.

Pero algunos científicos también comenzaban a preocuparse por los riesgos que podían causar el consumo de diversas drogas, que consideraron podía causar problemas de salud y la  degeneración de la población. El mismo Dr. Pérez diagnosticó a varios internos del Hospital Militar con “lipemanía por abuso de marihuana”. Además, a diferencia de los usos medicinales que fueron del interés de la élite científica porfiriana, el consumo recreativo de marihuana se asoció principalmente a las cárceles, los militares y a grupos populares, lo cual, generó ciertos prejuicios y los saberes médicos que ampararon en un primer momento el uso terapéutico de algunas drogas, posteriormente pasaron a atribuirles propiedades negativas y a relacionarlas con la enfermedad.

Los primeros años de prohibición y la clasificación del cannabis.

Con la Revolución mexicana se interrumpieron las investigaciones científicas sobre las drogas, aunque el tufo a marihuana permaneció en el ambiente, principalmente a causa de los soldados que gustaban de fumar esta planta. Con la instauración del nuevo régimen de gobierno se modificaron las legislaciones relacionadas sobre las entonces llamadas “drogas enervantes”, entre las que se encontraba la marihuana, restringiendo su tráfico y consumo.

Aún así, para la década de 1920 se reactivó la producción nacional de conocimientos sobre las sustancias psicoactivas. Las investigaciones científicas sobre la planta de cannabis (que fueron desde simples observaciones a los toxicómanos y de las formas de obtención y consumo, la clasificación botánica de la planta, las obtención de extractos y hasta la administración a animales y personas) desarrollaron posturas encontradas. Por un lado, en las farmacopeas, algunas tesis y otros textos científicos se continuó recentando productos con marihuana para múltiples afecciones, por el otro lado, el temor por las llamadas toxicomanías, es decir, el abuso de sustancias cada vez preocupaba más a algunos facultativos.

Por ejemplo, en la Farmacopea Latinoamericana, publicada en 1921, se recomendaba tomar de cinco a treinta gotas de extracto de cannabis para tratar distintos padecimientos como el dolor, el insomnio, neuralgias, neurastenia, tétanos, hemorragias uterinas y depresión mental, aunque se advertía que para su adquisición era necesaria una receta médica.

El siguiente año, la ciencia nacional cannábica prosperó debido a que la identidad de la marihuana fue esclarecida. Cuando el médico Ignacio Guzmán, en su trabajo Intoxicación por marihuana, desmintió la hipótesis de que se trataba de una planta endémica y aseveró que esta especie llegó durante el período Colonial, que los indígenas le dieron el nombre de marihuana y que se había propagado principalmente en las cárceles, entre los soldados y la gente de clase baja. Asimismo agregó que se le conocía entre “el vulgo”, como: Juana, Juanita, Mora, Soñadora y Grifa.

Por su parte el destacado botanista Maximino Martínez, en su Catálogo de nombres vulgares y científicos de plantas medicinales, señaló el amplio uso de la marihuana en el territorio nacional y registró los nombres populares y en diversas lenguas indígenas de la especie que clasificó como “Cannabis sativa var. Indica”; y de la que destacó las siguientes denominaciones: Doña Juanita, Mariguana, Marihuana, Hashish, Grifa, Rosa María, Mota (México), Macusi (lengua huichol, Jalisco), Tujtu (lengua cuicatleca, Guerrero) y Hapis-coil (lengua seri, Sonora).

Sin embargo, la relación con la enfermedad y el delito se estimuló con la prohibición, lo cual repercutió en las investigaciones. Por ejemplo, el Dr. Guzmán manifestó su preocupación por el aumento en el consumo de marihuana, ya que pensaba que podía causar “perjuicios tanto morales, como intelectuales y físicos”. Además, consideró que su empleo terapéutico era peligroso, por lo que debía prohibirse en absoluto su venta y cultivo.

La década de 1930 y la criminalización de la marihuana

A principios de la cuarta década de siglo XX se incrementaron las restricciones hacia el cannabis y otras drogas, como la cocaína, el opio y sus derivados, con la inclusión de los “delitos contra la salud” en las legislaciones penales y se consolidó la criminalización de las distintas actividades relacionadas con los enervantes. Con lo cual, las investigaciones científicas tomaron tintes cada más prohibicionistas y se concretaron en los problemas que supuestamente podía acarrear el consumo de esta planta.

En 1935 el estudiante de medicina Ezequiel Álvarez escribió una disertación titulada Estudio breve del cannabis indica, en la cual abordó las aplicaciones terapéuticas de esta especie para enfermedades como: la migraña, cólicos menstruales y el bocio exoftálmico. Sin embargo, también advirtió de cuidar la precisión de las dosis, debido a que los preparados con marihuana “podían producir ebriedad” y “cierto grado de embrutecimiento.”

Asimismo el médico Luis Puig estudió sus principios activos, que para 1936 se pensaba que se trataba de “la Cannabina o Hashichina, una resina soluble en alcohol.” Aunque también aludió al problema de la dosificación, ya que consideraba que sus preparados podían resultar tóxicos. Aunado a lo anterior, Puig diferenció el uso medicinal del recreativo y consideró que su utilización como droga enervante no debía ser permitida y argumentó que la campaña contra las toxicomanías debía intensificarse “tanto en el sentido penal como en el de la moralización”, es decir, con la difusión de infusión de información mediante la repartición de folletos, conferencias y proyección de películas sobre los “desastrosos efectos” de las drogas, aunque también con castigos más severos.

En efecto, en los años subsecuentes las restricciones sobre consumidores y vendedores de drogas irían en aumento. Y aunque las investigaciones se verían permeadas por el régimen prohibicionista, aún pasarían algunos años más para que estas proscripciones afectarán la producción de conocimientos científicos sobre la marihuana, pero ese es otro capítulo en la historia de la planta de cannabis.

Nidia Olvera

Nidia Olvera

Mtra. en Antropología Social

Licenciada en Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y Maestra en Antropología Social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha centrado sus investigaciones en el estudio histórico y antropológico de los usos, concepciones y prohibiciones de las sustancias psicoactivas. Ha impartido cursos de licenciatura en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y en la ENAH. Actualmente cursa el Doctorado en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto Mora, en donde realiza un estudio en relación al control de drogas en la Ciudad de México en el periodo que va de 1940 a 1971.