Los desafíos de la medicina cannábica para el siglo XXI

Feb 19, 2018 | Plantas Sagradas

Pedro Nicoletti Motta

Pedro Nicoletti Motta

Geógrafo

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Nosotros quitamos el juego de adivinación del cannabis medicinal”.  

La frase fue parte de la publicidad reciente de una empresa norteamericana que provee servicios de acompañamiento y productos de cannabis medicinal en California. Hace referencia a un elemento propio al uso de muchos productos fito-terapéuticos, que desespera médicos, científicos y muchas veces a los mismos pacientes: los resultados son muy variables, demandando la observación cercana de un acompañante especialista, e inevitablemente, el involucramiento del mismo paciente, de manera activa, en su propia terapia. Eso significa que para lograr buenos resultados y minimizar efectos no deseados, la persona debe no sólo tomar la sustancia conforme recomendaciones, pero también entender que es lo que está tomando y las inúmeras variables involucradas, y anotarlas, para posteriormente estudiarlas y poder mejorar el tratamiento. Por lo tanto, una persona al iniciar un tratamiento así no sabe al cierto que tipo específico de preparación le ayudará, y tiene que tomar ciertas decisiones iniciales basadas en la “adivinación”.  

Específicamente con el cannabis esa dinámica es aún más incisiva. Principalmente por dos razones: la primera es que a pesar de ser una planta utilizada medicinalmente por más de cinco siglos, todavía hay poco conocimiento sistematizado que permita sacar muchas conclusiones, disponible para ser utilizado como cartilla; la segunda es que el cannabis actúa en el organismo de manera compleja y versátil, porque sus muchos compuestos interactúan (son más de 500 compuestos en el cannabis, grande parte de ellos beneficiales, y con farmacología propia) entre sí, cambiando la farmacología de sus pares, o sea, alterando la forma en la que el cuerpo recibe y procesa esos elementos (el famoso “efecto séquito”). Además de ello, el cuerpo tiene un sistema propio, capaz de recibir y procesar de manera independiente los principales compuestos activos del cannabis, los cannabinoides. Es el “Sistema Endocannabinoide” (SEC), descubierto hace relativamente muy poco tiempo, ese sistema es altamente complejo, se somete y controla otros tantos sistemas del cuerpo como el fisiológico y el neurológico. Se le atribuye la nada humilde función de manutención del equilibrio homeostático (funciones corporales bien balanceadas, funcionando bien). El SEC tiene una cierta “plasticidad”, pudiendo estar desequilibrado hacia un lado u otro, dependiendo de las características de la persona, del momento en el que ella vive, o de alguna disfunción en cierta parte de su cuerpo. Por lo tanto, el SEC procesará de manera diferente los cannabinoides recibidos, aunque sea el mismo o en la misma cantidad y proporción, dependiendo de la etapa de vida y desarrollo de aquella persona.

Eso interpone un enorme paréntesis en las terapias con cannabis, sobre todo en situaciones más complejas. Demanda que las personas se eduquen sobre el producto medicinal que están tomando, sobre sus vías de actuación, y sobre todo su propio cuerpo y enfermedad a que están tratando. Además de hacer con que ella tenga que pasar por un cierto período inicial de “experimentación”, antes de saber exactamente como es que aquello le ayuda. Encima de eso están los problemas de disponibilidad de los productos, usualmente super-controlados, caros, y con poca información sobre sus componentes.

La industria farmacéutica y los médicos más reaccionarios han aprovechado esa dinámica muy variable para atacar el uso del cannabis como un fitoterapico completo, en cambio por un fármaco de principios activos aislados o sintéticos, o combinados en una proporción definida, fusionados en una pastilla, posible de patente (una planta completa no lo es). Ese argumento pone en jaque la capacidad de las personas de auto medicarse, o más allá, auto elaborar su propia medicina, y extrae de ellas, más aún, la capacidad de decidir y controlar su propio proceso de recuperación y salud. La cuestión no se encierra con el uso de principios activos aislados o sintéticos, porque el SEC seguirá tomando esos compuestos de manera variable a partir de los desequilibrios previos del cuerpo de cada persona en diferentes momentos de vida, y a menos que las personas empecemos a ser fabricados como máquinas, eso no parece que va a cambiar. Además, la parca literatura científica publicada, comprueba que el uso de dichos compuestos ha sido menos efectivo, y ha presentado mayor incidencia de efectos colaterales no deseados, que comparado con el uso de la planta completa*.  

Por otro lado, esa misma dinámica variable, ayuda a poner en jaque la propia industria farmacéutica y la lógica padronizadora con la que son tratados hoy día la mayor parte de los pacientes del sistema de salud convencional. Si hay tantas variables ¿no es una estupidez que queramos tratar personas diferentes con el mismo tipo de fármaco? ¿o atendiendo esa persona una vez cada tantos meses, por 20 minutos?

A pesar de que muchos especialistas han salido a defender la personalización necesaria en tratamientos a base de cannabis, relativizando dosis, compuestos y preparaciones, de modo general los profesionales y la sociedad esperan respuestas definitivas y concluyentes para aceptar en su sistema de funcionamiento actual la cannabis como una posibilidad medicinal definitiva.

Pero la cuestión está lejos de conclusión y la discusión tiende a encerrarse entre dos polos: defensores de fitoterapicos completos de un lado y defensores de fármacos controlados de otro. Para mí la duda que se interpone a futuro es: ¿adaptaremos nuestro sistema de salud al cannabis medicinal, o adaptaremos el cannabis medicinal a nuestro sistema de salud convencional?

* Gallily, R., Yekhtin, Z. and Hanuš, L. (febrero 2015). Overcoming The Bell ‐ Shaped Dose ‐ Response Of Cannabidiol By Using Cannabis Extract Enriched In Cannabidiol. Pharmacology &Pharmacy, 6, 75 ‐ 85 . 2015, De SciRes Base de datos.

Pedro Nicoletti Motta

Pedro Nicoletti Motta

Geógrafo

Pedro Nicoletti Motta es brasileño, licenciado en geografía por la Universidad de Brasília, periodista por práctica, fotógrafo y videomaker, cultivador por pasión, ha trabajado profesionalmente con la planta de cannabis desde 2012. A principio produciendo y procesando aceites medicinales en California, EEUU, de 2012 a 2013, y pasándose a el área de la educación práctica de estos procesos en México, Colombia y Brasil durante los años de 2014, 2015, 2016 y 2017. Sus colaboraciones textuales han sido publicadas por medios especializados como Revista Cáñamo de España, Colombia, Chile y México, ViceNews, revista Weeds y periódico La Dosis. En 2015 funda el proyecto Cannativa a través del cual ha realizado más de 60 cursos de autoproducción de fármacos a base de cannabis para más de 600 personas. En 2016 incorpora y capacita un médico general que empieza a promover consultas y acompañamientos para quienes, medicación en manos, buscan orientación sobre como tomarlas. En 2017 el proyecto lanza la campaña “autocultivese” con los objetivos de estimular la curiosidad en la comunidad por la búsqueda de información actualizada y acertada, y por el cuidado con el propio cuerpo; así como la desobediencia civil.