Notas sobre Crackolandia en el centro de Sao Paulo

Sep 28, 2015 | Cultura | 0 comments

Deborah Fromm

Deborah Fromm

Antropóloga social

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 escrito especialmente para este blog

El tema del crack ha motivado una serie de políticas recientes en Brasil, que combinan acciones inspiradas por la “guerra contra las drogas” y otras más próximas a la perspectiva de salud pública. El consumo de esta sustancia y la proliferación los lugares de uso, las llamadas Crackolandias, ha desencadenado una serie de medidas, estatales y no estatales, para la gestión, la represión, el control, la vigilancia, el cuidado de poblaciones y espacios urbanos.

De acuerdo con una encuesta reciente de Fiocruz, los usuarios habituales de esta sustancia son menos del 1% de la población[1]. A pesar de eso, el consumo de crack ha sido tratado como una epidemia y está rodeado de un imaginario de horror y de contaminación, que ha guiado a una serie de políticas de emergencia, condicionado una transferencia de los fondos públicos al tema y redirecionado políticas sociales.

Por dispositivos penales y médicos el confinamiento, ya sea en las comunidades terapéuticas o dentro del sistema penitenciario, ha sido el eje principal de las políticas para el perfil del consumidor, es decir, pobres, con baja escolaridad y en su mayoría viviendo en las calles.

A pesar del debate en curso sobre la despenalización del consumo[2], la larga lucha del movimiento antiprohibicionista y de los defensores de la reducción de daños, la cárcel y la internación voluntaria o forzada son las principales alternativas disponibles para ésta población. Los programas sociales que al menos tienen como agenda la garantía de los derechos a través del acceso a la vivienda, el trabajo y el entretenimiento, son incipientes.

La primera y más conocida Crackolandia brasileña se encuentra en el centro de São Paulo, se estima hay una internación a la fuerza a cada 16 horas[3]. Del mismo modo, el número de detenciones sigue creciendo, ya que a menudo no hay una persona que no está marcada por la experiencia de haber estado en la cárcel.

Durante tres años de investigación de campo en la región (2012-2015), esta se caracteriza por la itinerancia y la permanencia colectiva de los que la componen. Pude aprender mucho sobre la dinámica de la ciudad y las políticas públicas de seguridad y salud a través de trayectorias personales que se encuentran muy  marcadas por los circuitos institucionales que pasan por hostales, prisiones, comunidades terapéuticas, hospitales psiquiátricos, clínicas de rehabilitación, iglesias y organizaciones de caridad de la más variada.

Escenario de la especulación y la valorización inmobiliaria; mercado para las diversas organizaciones no gubernamentales que trabajan en la región; espacio de evangelización para los misioneros evangélicos; y tema de los conflictos entre los diferentes niveles de gobierno, la Crackolandia es mucho más que una escena de uso de crack. Punto de gravedad de las más variadas marginalidades urbanas: las prostitutas, las personas sin hogar, inmigrantes, ex reclusos y usuarios de crack, esta territorialidad tiene mucho que enseñarnos sobre la sociabilidad en torno a la venta y consumo de crack, sino también en la dinámica de la producción de la ciudad y los mecanismos de gestión de esta parte de la población.

Se puede entender esta territorialidad, en palabras de la antropóloga Taniele Rui, “no como una isla rodeada por la ciudad” y por lo tanto tener en cuenta las dinámicas de su configuración, es decir, la dinámica de las políticas de seguridad pública repartidas por toda la metrópoli; de desalojo y las políticas de revitalización urbana; de la concentración de la oferta de servicios de salud y de atención en el centro de São Paulo; de las migraciones intra e inter-urbanos, de norte a sur del país, además de la creciente migración boliviana, haitiana y africana; la circulación de los flujos de personas por parte de instituciones; de los mercados legales/ ilegales de drogas, sino también armas y otros bienes; de las políticas del crimen, en particular el Primer Comando de la Capital (PCC).

Su poder como un significativo “conector urbano”, según lo sugerido por los sociólogos Fabio Mallart y Vera Telles (USP), muestra el fracaso de una perspectiva guiada por la ausencia y por el concepto de exclusión social, que todavía guía muchas de las políticas públicas en estos lugares, y que no permite tener en cuenta los vínculos y conexiones que éste espacio urbano genera.

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Para muchos de mis interlocutores, la Crackolandia es un lugar de acogida en una ciudad tan hostil a su presencia. Con la comunidad intensa que produce, es también un espacio para el placer y la protección para el consumo del crack. Esto está lejos de lo que significa la ausencia de dolor o sufrimiento, especialmente la causada por la violencia estatal marcada por las tensas relaciones con la policía.

Llamada “familia” por algunos, también es el “infierno” para otros. Considerada como un territorio del diablo, donde “el pecado abunda,” es una zona de guerra espiritual en el que operan los soldados cristianos de diferentes iglesias. Por lo tanto, hay misioneros bautistas en su incansable compromiso con “transformar la crackolandia en Cristolândia” a través de oferta voluntaria y libre internación en su red de Centros de Formación Cristiana.

Parte de un conjunto de intervenciones misioneras que se extiende por todo el territorio brasileño, esta misión no sólo muestra el compromiso explícito de los bautistas en el tema de las drogas, sino también un proyecto político-religioso de la nación. Esta guía, el Evangelio como el núcleo de los asuntos humanos y como una solución a los problemas sociales del país y, a pesar de las especificidades y las disputas teológicas entre las diversas denominaciones, está en línea con el creciente número de evangélicos en el país y la amplia participación de éstos en el ámbito de las internaciones de los consumidores de drogas.

Por tanto, la Cracolândia de São Paulo es una unidad importante de análisis para entender el diagrama simultáneamente militar, de asistencia y religioso que da forma al problema de las drogas, especialmente el crack en Brasil. Desconsiderar las cosmopolíticas, los proyectos de la ciudad y de la nación -productos del choque que se produce en este espacio urbano- así como percibir aislado del resto de la metrópoli y de las conexiones parciales que hace emerger, es analítica y políticamente poco fecundo.

[1] Ver: “Quantos são os usuários de crack no brasil”, http://www.icict.fiocruz.br/content/quantos-s%C3%A3o-os-usu%C3%A1rios-de-crack-no-brasil

[2]Ver: “Decisão do STF pode descriminalizar porte de drogas”, http://www.estadao.com.br/noticias/geral,decisao-do-stf-pode-descriminalizar-porte-de-drogas,1741376 .

[3]Ver: “A cada 16h, cracolândia tem 1 internação à força”, disponível em: http://sao-paulo.estadao.com.br/noticias/geral,a-cada-16h–cracolandia-tem-1-internacao–a-forca,1753034, “SP tem 5,3 mil internações à força em 2012 e supera total registrado em 8 anos”, disponível em: http://sao-paulo.estadao.com.br/noticias/geral,sp-tem-5-3-mil-internacoes-a-forca-em-2012-e-supera-total-registrado-em-8-anos-imp-,987971

Deborah Fromm

Deborah Fromm

Antropóloga social

Deborah Fromm es formada en 2013 en el curso del Bachillerato en Ciencias Sociales por la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar). Actualmente es estudiante de posgrado en Antropología Social (IFCH/ Unicamp), becaria FAPESP e investigadora del NaMargem – Centro de Investigación Urbana (UFSCar / CEM/ CEBRAP) y del Núcleo de Etnografías Urbanas (NEU / CEBRAP). Trabaja en el campo de la Antropología Urbana con cuestiones relacionadas con la política de drogas y la gestión y conversión religiosa de usuarios de crack.