Bolivia, más allá del colonialismo y el pensamiento mágico

Feb 14, 2018 | Cultura

Patricia Chulvert

Patricia Chulvert

Comunicadora Social

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Lo que en principio tenía que ser un análisis de la política de drogas boliviana es ahora una oportunidad para hablar sobre lo fundamental. Permítaseme entonces abordar la causa de la soberanía. Soberanía de la tierra como del cuerpo y del saber (muy diferente de conocer) a partir de una historia dibujada en un contexto sin tiempo lineal, que vive el adelante desde la construcción de los que fueren ayer y en el día a día nos acompañan. El saber es producto del conocimiento sumada la experiencia, este puede ser conservado a través del tiempo mediante diferentes recursos, uno de ellos es la oralidad, otra; la información guardada en los genes. Ambos combinan muy bien cuando se habla de formas de ver el mundo. Desde los Andes, el universo tiene un tiempo diferente, no contempla pasados o futuros sino seres, momentos, acciones e interacciones. El pensamiento mágico que se ha dibujado sobre nuestros saberes dista mucho de la realidad; más allá del folclore, hay un conocimiento ancestral que tras siglos de estar recelosamente guardado, hoy poliniza conocimiento tanto histórico como genético.

Es evidentemente difícil hablar de lo fundamental sin ser tildado de fetichista. No es igual hablar de sabiduría ancestral que hablar de “pachamamismo”. La antropología contempla el ayllu como una “unificación andina con asociaciones políticas y económicas”, sin embargo pasa por alto sus lazos simbólicos (Bastien, 1996). Estos lazos se encuentran en la relación metafórica de los seres humanos con el universo, la tierra y con otras formas de vida que la habitan: Montañas, lagos, animales, plantas, el fuego y la lluvia. El mundo andino posee una comprensión única y profunda de la vida y la muerte que pervive en el presente mediante ancestralidad. Así el hombre en los andes ha aprendido a comunicarse (de persona a persona) con el espíritu de las plantas de la hoja de coca, ayahuasca (originaria del amazonas), wachuma y willca; no sólo para adivinar sino para alimentarse y curar.

Cuando se habla de Bolivia y plantas prohibidas la historia nos lleva directamente a la hoja de coca. Sin embargo, la lucha cocalera no fue el único proceso emancipatorio (relacionado a plantas maestras) que se reveló contra la dominación ideológica colonial. En el siglo XVI durante el periodo de extirpación de idolatrías gestado por los españoles, nació un movimiento denominado Taqui onkoy o rebelión de las wacas, que tuvo como elemento primordial el consumo de plantas sagradas (crónicas que hablan del uso de wachuma o cáctus de san pedro) en el intento de llevar a cabo un cambio total en el orden establecido tras la colonia española. (Pinto, 2015).

La wachuma es natural de las montañas y cabeceras de valle. Uno de los pocos lugares que actualmente practica su consumo ancestral es Charazani (Comunidad Achuma), Provincia Bautista Saavedra en la ciudad de La Paz. Charazani fue una gran ciudad hispanoamericana antes de la colonia, está asentada en las faldas de la sagrada montaña de Kaata y hoy es un “Ayllu Kallawaya” que 1000 años sintetiza el conocimiento de la farmacopea mediante el uso de más de 600 variedades de vegetales en la práctica de la medicina natural. Uno de los valores de este lugar además de su profundo conocimiento, es su gran resistencia ya que hasta casi entrados los 90’s, llevó un litigio de más de 400 años por recuperar parte de su montaña, usurpada a raíz de los procesos de colonización. Para los Kaateños la montaña es un ser integro “una unidad anatómica y geográfica (…), hasta el punto mismo en que se concibe el territorio como una persona y la persona como el territorio” (Rodas, 2013: 40 – Bastien. Pág.65). Es por eso que en Kaata, (como en otros ayllus) todos poseen indivisiblemente y en común todas las tierras que corresponden a sus comunidades.

La idea de la propiedad privada y del yo como individuo rompe con la cosmovisión de complementariedad y comunidad del ayllu; ejes de la dinámica política, económica social y cultural en el mundo andino. Esto ha llevado a que practicas ancestrales hoy, pierdan por completo su sentido ritual y medicinal. La investigación de Pinto (2016) sobre la búsqueda moderna de iniciación con Wachuma, evidencia que en el área urbana existe una fuerte tergiversación del uso de la planta en jóvenes de ciertas tribus. Más del 60% de los consumidores ignoran que Bolivia esconde una tradición de consumo ancestral de wachuma y ayahuasca. Así, este consumo “recreativo” puede haber sido detonante de una serie de operativos de incautación en la calle de las “Chifleras” que hasta 2012 fueron prominentemente mediatizados. La wachuma tiene como componente esencial la mescalina, sustancia enlistada junto al DMT en el anexo de la Ley 913 de Lucha contra el Tráfico Ilícito de Sustancias Controladas. El marco legal en Bolivia, asume la reivindicación del uso tradicional y ancestral de la hoja de coca pero por otro lado omite el uso tradicional de wachuma o ayahuasca, al contrario de Perú, que con una política sobre coca menos progresista que la boliviana, cuenta con una reserva en favor del uso tradicional de ayahuasca y al cactus de San Pedro, a partir de su adhesión al convenio de 1971 en 1980. (FES, UNASUR. 2016, Pag47).

Bolivia ha tenido pequeños avances en cuanto a la problemática de drogas (como la inclusión de escalas diferenciadas y la figura del micro tráfico en el Nuevo Código Penal actualmente aborgado), sin embargo los avances logrados fueron producto de negociaciones exitosas en un contexto político mayormente conservador, contexto que dificulta cualquier oportunidad de grandes avances en términos de reivindicación de los derechos de las personas, las mujeres, las plantas, la tierra o los animales; pues además sufrimos de una opinión pública que está en favor de las políticas de mano dura.

Esta ambigüedad legal es sólo el reflejo de la crisis identitaria que aqueja al boliviano (sobre todo al migrante y al de la clase media). Tomando en cuenta que más de la mitad de la población boliviana se considera mestiza, sin ánimo de parecer andinocentrista, este texto sólo se limita a exponer el complejo tejido de cosmovisiones que forman parte del contexto cultural en Bolivia, y argumentar el motivo por el que lograr políticas públicas que encajen en profundidad con nuestra forma (ancestral) de ver el mundo, es sumamente difícil e implica procesos de descolonización desde el conocimiento.

Para entender el mundo desde los andes es preciso ver el mundo desde los andes. 
Hace un par de años que comunidades ancestrales como Sacha Runa empiezan a brotar y compartir todo ese conocimiento con sabiduría, estos junto a espacios políticos como el Vice Ministerio de Medicinal Natural, hoy producto del gobierno de Hernan Siles Suazo el año 1984 (Aguilar,2018 ), son reconocidos en las americas por la OMS. El contexto político hace mucho y actualmente viabiliza el diálogo en estos tiempos urgentes. Es necesario sin embargo hacer un trabajo profundo sobre nuestra identidad y nuestra relación con la tierra para salir de ese imaginario folclórico que nos pinta como un país atrapado entre el pensamiento mágico y su huella colonial. Esto, sumado el desgaste político del gobierno en turno y la desesperación de retomar el poder de las clases dominantes neoliberales (que aún carecen de proyecto político como oposición), contribuyen al lamentable deterioro de la imagen tanto de la hoja de coca como de la filosofía andina, iconos de la nueva ola del pensamiento crítico en torno a la descolonización en América Latina.

Tómese este como un aporte desde “Hombros de gigantes” sobre la necesidad de entender el mundo desde nuestro cuerpo y el cuerpo desde la tierra, enseñanza de una cosmovisión que transmuta una filosofía en una forma de vida.

 

Patricia Chulver

Patricia Chulver

Comunicadora social

Patricia Chulver Benitez es activista por la reforma en política de drogas en Bolivia. Es Artista acreditada por el Ministerio de Culturas del Estado Plurinacional de Bolivia, es Gestora Cultural, Columnista del periódico digital Oxígeno.bo y Directora de la Fundación Acción Semilla. Estudia Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Realizo cursos en Política de Drogas, Derechos Humanos y Salud Pública en el Centro Investigación Docencia Económica – México y Actualización en Políticas de Drogas y Nuevas Tendencias en la Región en el Centro de Estudios Seguridad Ciudadana – Universidad de Chile. Sus áreas de interés confluyen en salud pública, sistema penal, plantas sagradas, género y sustancias psicoactivas. Asistió a UNGASS 2016. Fue co productora del ciclo de entrevistas sobre legislación en política de drogas con Oxígeno.bo. Es co autora de “Historias de Aves y Jaulas”  Investigación biográfica sobre mujeres privadas de libertad en Bolivia, es co autora del estudio “Miradas Cruzadas” y del paper “Hoja de Coca Miradas Regionales” elaborados junto a la fundación Friedrich Ebert Stftung. Articulista, ensayista y analista en prensa nacional e internacional.